¿Es necesario tomar leche?

La idea de que los niños deben tomar leche todos los días para que crezcan adecuadamente nos ha acompañado siempre. Sin embargo, ante la falta de evidencias, en los últimos tiempos se ha empezado a cuestionar este supuesto valor de dicho alimento, haciendo que nos preguntemos si es realmente necesario que los niños tomen leche. Veamos qué nos dice la ciencia al respecto.

La leche de un animal mamífero está diseñada para el crecimiento de su cría. La leche de vaca contiene naturalmente hormonas de crecimiento bovino. Las vacas cuando son adultas dejan de tomar leche. Solo un 30% de la población mundial se ha adaptado a tomar leche de vaca y esa adaptación se debe a factores geográficos de hábitat y de evolución. Es obvio que las poblaciones africanas, asiáticas, e indígenas de todo el continente americano, no necesiten leche. No es coincidencia que los descendientes de estos pueblos y/o razas son los primeros que muestren síntomas de intolerancia a la lactosa.


La lactosa es un hidrato de carbono o azúcar que le da un sabor agradable a la leche, pero necesita de lactasa (enzima) para ser metabolizada. La lactasa se produce en los humanos al nacer y su producción baja considerablemente después del primer año de edad, lo que hace cuestionable que los niños necesiten leche. La producción de lactasa después de los 50 años de edad es mínima o nula en muchos casos. Las recomendaciones de tomar leche por el calcio son generadas por la industria, no por la ciencia. Hay estudios que demuestran que existen poblaciones sin deficiencias de calcio (y ausencia de osteoporosis) a pesar de que apenas consumen 250 mg. de calcio al día. Los huesos se forman hasta los 30 años y el que sean fuertes no se debe sólo al calcio, principalmente al funcionamiento de la glándula paratiroides que regula el calcio y el fósforo de los huesos.


La homogeneización de la leche emulsifica su grasa pero hace que sus proteínas sean más difíciles de digerir en el estómago y entonces se absorben directamente en la sangre. Estas proteínas en la sangre sin haber sido previamente digeridas provocan que las grasas saturadas atraviesen las paredes intestinales en forma de pequeñas partículas no digeridas, lo que inexorablemente aumenta los niveles de colesterol y grasas saturadas en sangre. Esto afecta el sistema inmune causando inflamación, secuencia que puede causar enfermedades auto-inmunes.

Cada vez se cuestiona más la alimentación y crianza de los animales. La leche de vaca contiene aproximadamente 59 tipos diferentes de hormonas pituitarias, esteroideas, adrenales, sexuales, antibióticos, plaguicidas (por la alimentación con granos), bacterias y peor aún ha aumentado su producción por una hormona genéticamente modificada; Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH) también conocida como bovine somatotropin o rbST- para aumentar la producción de leche en las vacas entre un 10 y un 25%. Porque según se publicó en The Ecologist en 1998 "El uso de rBGH incrementa los niveles de otra hormona proteica; el factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1) en la leche de las vacas. Y dado que el IGF-1 es activo en los humanos causando que las células se dividan, algunos cientí­ficos piensan que una ingesta de leche tratada con altos niveles de rBGH podrí­a dar paso a la división y crecimiento incontrolado de células en los humanos. En otras palabras: cáncer". De hecho, son tantos los peligros potenciales de esa hormona que su uso está prohibido actualmente en Canadá y la Unión Europea, así­ como en otros paí­ses.


Un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition que afirma que el exceso de proteí­nas de la leche es uno de los factores más importantes en el avance de la osteoporosis. En dicho estudio publicado ya en 1983 se demostraba que hasta la edad de 65 años las mujeres que no toman leche y son vegetarianas tienen un 18% de pérdida de hueso mientras las omní­voras padecen una pérdida ósea del 35%.


Y estudios más recientes muestran que con una ingesta de 75 gramos diarios de proteína láctea se pierde más calcio en la orina del que se absorbe a través de la dieta.


A todo esto hay que añadir que la relación calcio/fósforo de la leche de vaca no es adecuada para el ser humano, pues su contenido es demasiado elevado en fósforo y por eso su ingesta acidifica el organismo. Con las numerosas implicaciones negativas para la salud que ello implica.


Hay evidencia científica convincente de que nuestro consumo de productos lácteos está fuertemente asociado con las siguientes condiciones

  • Diabetes de inicio en la infancia (tipo 1); Diferentes investigaciones demuestran que los lactantes alimentados con leche de vaca presentan un mayor riesgo de padecer diabetes insulinodependiente -conocida como diabetes tipo I- ya desde su niñez. [1]

  • Estreñimiento.[9]

  • Otitis media (infecciones de oído); En 1994 la revista Natural Health publicaba una serie de hallazgos que relacionan a la leche con el aumento de las infecciones de los oídos y la garganta. Los estudios demostraron que las amígdalas y las adenoides reducían su tamaño cuando se limitaba el consumo de leche. [2]

  • Congestión de senos paranasales y rinitis.[3]

  • Problemas de la piel que incluyen sarpullidos, dermatitis, eczema, urticaria y acné.[4]

  • Asma; Se sabe que la leche puede estimular la producción excesiva de moco en las ví­as respiratorias y que la alergia a la leche es causa de asma. Además está completamente demostrado que los niños con exceso de moco y dificultades respiratorias a los que se les retira la leche de vaca mejoran de forma sorprendente. [5]

  • Alteraciones digestivas (incluyendo el síndrome de colon irritable y la enfermedad de Crohn); El doctor John Hermon-Taylor -director del Departamento de Cirugía de la Escuela de Medicina del Hospital St. George (Gran Bretaña)- afirma tras estudiar la enfermedad de Crohn durante 20 años que la Paratuberculosis -una subespecie del Mycobacterium Avium- está indudablemente asociada a esa patología. Y que ese microorganismo se transmite fundamentalmente a través de la leche porque la pasteurización no la destruye. [6]

  • Artritis y dolor articular; Está constatado que los complejos antí­geno-anticuerpo generados por la leche se depositan a veces en las articulaciones provocando su inflamación y entumecimiento. Por otro lado, en un artí­culo publicado en la revista Scandinavian Journal of Rheumatology se afirmaba que en personas afectadas de esa patologí­a que dejaron de ingerir lácteos y tomaron sólo agua, té verde, frutas y zumos vegetales entre 7 y 10 dí­as la inflamación y el dolor disminuyeron significativamente. Agregando que cuando alguno volví­a a una dieta lacto-ovo-vegetariana los sí­ntomas reaparecen. [7]

  • Cáncer (linfoma, leucemia, mama, próstata, entre otros).[8]

  • Enfermedades coronarias. [9]

¿Qué alternativas se proponen?

Por ejemplo, las acelgas, la col, las nueces, la soya, el brócoli u otras verduras que también proporcionan grandes cantidades de vitamina D y calcio. Aunque el calcio en teoría ayuda a reforzar los huesos, cada vez más estudios ponen en duda que sea buena en todos los casos. Es el caso de una investigación publicada en JAMA Pediatrics, que pone de manifiesto que los niños que viven en países donde se consume menos leche suelen sufrir menos fracturas. La mejor manera para conseguir unos huesos fuertes, recomienda la guía de Harvard, es hacer ejercicio y mantener un estilo de vida saludable, no beber leche sin parar.


Ningún mamífero toma leche después del destete. Y la leche de vaca solo la toman los terneros. Lo que sí es absolutamente necesario que el niño tome leche materna al nacer y que la lactancia sea la vía principal de alimentación, pero en la dieta infantil después de los dos años no tiene que estar incluida la leche de vaca.

Así que si a un pequeño no le gusta beber leche de vaca, no hay necesidad de obligarlo. Todos los nutrientes necesarios para que crezca y se desarrolle están presentes en otros alimentos saludables, lo cual nos asegura que no es realmente necesario que los niños o adultos tomen leche.


Referencias

  1. Iacono G. Intolerance of cow’s milk and chronic constipation in children. N Engl J Med. 1998 Oct 15;339(16):1100-4.

  2. Juntti H. Cow’s milk allergy is associated with recurrent otitis media during childhood. Acta Otolaryngol. 1999;119(8):867-73.

  3. Tikkanen S. Status of children with cow’s milk allergy in infancy by 10 years of age. Acta Paediatr. 2000 Oct;89(10):1174-80.

  4. Oranje AP. Natural course of cow’s milk allergy in childhood atopic eczema/dermatitis syndrome. Ann Allergy Asthma Immunol. 2002 Dec;89(6 Suppl 1):52-5.

  5. Bahna S. Allergies to Milk. Grune and Stratton, New York.

  6. www.notmilk.com/tudrmac.html

  7. Johnson J. Molecular biology and pathogenesis of the human T-cell leukaemia/lymphotropic virus Type-1 (HTLV-1). Int J Exp Pathol. 2001 Jun;82(3):135-47.

  8. Barr SI. Effects of increased consumption of fluid milk on energy and nutrient intake, body weight, and cardiovascular risk factors in healthy older adults. J Am Diet Assoc. 2000 Jul;100(7):810-7.

  9. https://www.animanaturalis.org/p/1106/la-leche-ese-producto-pernicioso-para-los-seres-humanos

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